Libros leídos en el 2017

He organizado los títulos de esta lista en orden de preferencia. Así que esto es una especie de top 13. En todos los casos incluyo una foto de la edición que leí y una pequeña cita del libro mencionado.

También tengo que recomendar la enumeración de aquel que empezó con esta costumbre de las enumeraciones. Como todos los años, la lista de Alan me da el ejemplo para hacer mi propio esfuerzo de memoria aquí. Y siempre suele haber uno o dos títulos de sus listas que termino incluyendo en mis entradas de cada año. Por ejemplo, ahora me interesa mucho conseguir La voz de su amo de Stanisław Lem (por más que tengo ciertos prejuicios contra ese autor) y Flores para Algernon de Daniel Keyes.


13- Cuentos sobre la revolución

Autor: Mariano Azuela.

País: México.

Publicado entre 1904 y 1924. 

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Autores modernos y respetables asientan que las voces «revolucionario» y «analfabeto», hoy por hoy, son sinónimas. Se responde que el genuino revolucionario es letrado y se prueba con documentos «vividos». A lo que aquellos replican: «Revolucionario-letrado es sinónimo de mercader».

Allá los filósofos desenreden la madeja.

El año pasado estuve muy interesado en el estudio de la revolución mexicana para un pequeño proyecto que espero compartir pronto en este espacio. Y entre las antologías y ensayos sobre el tema a las que les eché un ojo, destaca esta pequeña compilación de cuentos.

Es verdad que la perspectiva idealista de Azuela, fruto de sus años de involucrarse directamente en la lucha revolucionaria, lo lleva al acierto en algunas consideraciones que se dejan ver en medio de sus cuentos. Por ejemplo, entiende el proceso de la revolución mexicana como uno de adulteración que culmina en la traición y en el ascenso de una nueva minoría (historia, por otro lado, típica de toda revolución). El problema está en la perspectiva cansina desde la que observa ese proceso. La mayoría de los cuentos siguen el escenario de los ricos cara-duras y su contraste frente a la honestidad de los pobres. Historia obviamente cierta en lo que se refiere a los primeros y obviamente falsa en lo que se refiere a los segundos. Idealismos que, al fin y al cabo, probablemente no tenían en aquellos tiempos el aspecto de tópicos que tienen hoy en día.


12- Comer sin miedo

Autor: J. M. Mulet.

País: España.

Publicado en 2014.

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El pescado tiene muchos parásitos, algunos están en el interior y algunos llegan a ser visibles, ¿cashrut o no cashrut? Esto generó un debate encendido entre diferentes escuelas rabínicas, que no se ponían de acuerdo. Al final, el criterio elegido fue: si el pez ingiere la larva del parásito y éste se desarrolla dentro de su músculo, se supone que ya no es un organismo independiente sino que forma parte del pez, y por tanto es cashrut. Si el parásito se desarrolla en el exterior del pez o en el tracto gastrointestinal, no forma parte de él y por lo tanto es impuro e invalida la certificación cashrut. […]

Por cierto, para saber si un pescado tiene parásitos cashrut o no cashrutse utilizan técnicas de biología molecular como el proceso PCR (reacción en cadena de polimerasa). […] Lo más moderno para vivir de acuerdo con lo más antiguo.

La cuestión de la química de los alimentos es un tema que, en ocasiones, me da cierta curiosidad. Y pensándolo bien, mi interés está justificado, pues hay pocas cosas que reciban más atención mediática que la comida; estamos rodeados de comerciales de latas de conserva, cubitos de pollo o suplementos alimenticios. Además, todo el mundo parece tener una idea sobre recetas mágicas para estar saludable. No falta quien te aconseje una cucharada de miel o de otro menjurje por las mañanas, o un licuado de alguna combinación bizantina de frutas. Tanta paja hay alrededor del tema que, un poco harto y aun consciente de que los químicos de alimentos tienen su propia paja, me leí este libro de divulgación.

El propósito principal del texto es la defensa de la industria de los alimentos transgénicos frente a la condena que recibe por parte de un sector amplio de la población. Aunque me queda la impresión de que, en ocasiones, el autor construye verdaderos hombres de paja como oponentes y sólo se dedica a destruirlos con facilidad. Hay también un par de asuntos sobre los transgénicos que no trata a fondo. Por un lado,  está la cuestión del sabor, que deshecha por considerarlo un asunto subjetivo. Sin embargo, por muy subjetivo que sea, no por ello deja de ser central: aun si los transgénicos modifican el sabor, aunque sea mínimamente y en diferentes grados dependiendo del paladar de los individuos, eso es algo en lo que hay que extenderse. Por otro lado está la cuestión de los monopolios. El autor admite que son pocas las empresas que desarrollan transgénicos y culpa a las organizaciones anti-transgénicas de ese escenario. Pero eso no contesta a la pregunta sobre cuáles son las consecuencias sociales de que se forme un monopolio alrededor de esa tecnología.

Pero hay otras secciones del libro que me gustaron bastante. Por ejemplo, cuando ataca a la llamada alimentación ecológica y orgánica como un mero término mercadotécnico para vender a precio de oro productos alimentarios que podemos conseguir sin ninguna clase de remordimiento en el mercado convencional. O cuando muestra las inconsistencias de las dietas religiosas y vegetarianas.


11- La guerra interminable

Autor: Joe Haldeman.

Título original: Forever war

País: Estados Unidos.

Publicado en 1974.

Traductora: Edith Zilli.

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“-Casi todos ustedes son muy jóvenes para recordar el término “impacto del futuro”. En la década de los sesenta algunos pensaban que el progreso tecnológico, a fuerza de ser rápido, no permitía que la gente normal se ajustara a él. Es decir, la gente no acabaría de habituarse al presente antes de que el futuro la alcanzara. Un hombre llamado Toffler acuño el término “impacto del futuro” para denominar esta situación.

El comodoro se mostraba muy académico, por cierto.

-Estamos atrapados en una situación física que me recuerda ese concepto erudito. El resultado ha sido el desastre, la tragedia. Y tal como lo analizamos en nuestra última reunión, no hay modo de contrarrestarlo. La relatividad nos atrapa en el pasado del enemigo y los trae de nuestro futuro. Sólo podemos confiar en que la próxima vez, la situación sea inversa.

Se trata de una novela muy respetuosa con el elemento científico de la ciencia ficción. El tema principal, las consecuencias de los marcos de referencia del principio de relatividad en los viajes espaciales, es tratado siempre con los escrúpulos propios de alguien que ha realizado todo un trabajo previo de documentación. Con el mismo cuidado está expuesta la ingeniería que debería operar en un entorno de viaje inter-galáctico, o los riesgos a los que se enfrentan los organismos biológicos terrestres al navegar en tales circunstancias. Repito, el autor no se toma el componente “ciencia” de la ciencia ficción a la ligera. Lo que sí se toma a la ligera es el componente “ficción”.

El tono de la obra es muy pero muy ligero. Cuando no se encuentra describiendo alguna cuestión técnica, el libro casi tiene el nivel de una película hollywoodense del ramo (de los setenta u ochenta, eso sí). Los personajes se desarrollan mínimamente y sus motivaciones apenas y se alejan de las del perro de Pavlov. El protagonista, incluso aunque está escrito en primera persona, nunca se detiene a presentar su perspectiva en tanto que individuo que se enfrenta a una situación, sino que se limita sencillamente a hilar los acontecimientos conforme van ocurriendo. Ahora bien, es cierto que un papel tan pasivo de los personajes es ideal a la hora de describir los fenómenos físicos involucrados en los fenómenos que aquí tienen lugar; quizá es justamente por eso que tengo la impresión de que la preocupación científica de la narración es alta.


10- Mansfield Park

Autora: Jane Austen.

País: Inglaterra.

Publicado en 1814.

Traductora: Marina Vivas.

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Que se espanten otras plumas en la descripción de infamias y desventuras. La mía abandona en cuanto puede esos odiosos temas, impaciente por devolver a todos aquellos que no estén en gran falta un discreto bienestar, y por terminar con todos los demás.

En el 2016 me leí Sensatez y sentimiento. No es una novela que aprecie demasiado; apenas oculta su pretensión de ser una exhibición de casos paradigmáticos para guiar la conducta, lo que hace de sus personajes una especie de autómatas encorsetados. Entiendo que la autora estaba orientada a escribir cautionary tales, esas historias que encantan a la mentalidad inglesa, en donde los principios morales se promueven exhibiendo el destino de fracaso que les espera a los desdichados que no los obedecen.

En realidad, me chocan un poco estas historias morales. El mundo gira insensato y si en ocasiones pareciera obedecer alguna dirección moral, es pura coincidencia.

A pesar de todo, decidí leerme una obra más de Austen. No sé dónde escuché que probablemente Mansfield Park fuera su novela mejor lograda. Además estaba el incentivo morboso de que la riqueza de la familia sobre la que gira la historia provenía de fincas vinculadas a la esclavitud. Naturalmente, quien lea este libro esperando ver algo sobre eso se va a llevar un tremendo chasco. Sólo mencionan a los esclavos en un par de oraciones y siempre desde la óptica de que tal es un estado natural de las cosas.

En todo caso, sí que es una mejor novela que Sensatez y sentimiento. Elinor, el personaje principal de aquella novela, tenía la mente compuesta únicamente de exposiciones de reglas morales y su comportamiento era el de una flecha, recto y sin vacilaciones. En contraste, Fanny Price, la protagonista de Mansfield Park, se parece más a una heroína; tiene todas las circunstancias en su contra y constantemente se le pone a prueba. Elinor era una diosa que estaba definida por su comportamiento; la sensatez. En Fanny vemos, en cambio, la sensación de oscilación y de tentación que da sentido a la moralidad y que hace a Mansfield Park mucho más interesante.

Sea como sea, hay que tener claro que ésta es una novela moralista, moralizante y moralina. Sospecho que ésa es una característica común en toda la literatura de Austen. Si uno se dispone a leer su obra hay que tener bien claro que ella va a tener siempre el fastidioso propósito de educarte.


9- De la Tierra a la Luna

Autor: Jules Verne.

Título original: De la terre à la lune, trajet direct en 97 heures 20 minutes

País: Francia.

Publicado en 1865.

Traductor: ¡Desconocido! (Eviten esta edición de porquería de Iberlibro)

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Los yanquis no tienen rivales en el mundo como mecánicos, y nacen ingenieros como los italianos nacen músicos, y los alemanes filósofos. Era además natural que aplicasen a la ciencia de la balística su natural ingenio y su característica audacia. Así se explican aquellos cañones gigantescos, mucho menos útiles que las máquinas de coser, pero no menos admirables y mucho más admirados.

La única novela de Jules Verne que he leído. Un claro ejemplo de lo que a veces considero como “lecturas rezagadas”; libros que al terminarlos presiento con una sensación agridulce que, de haber pasado por mis manos cuando era niño, los hubiera disfrutado mucho más.

Pero la obra me pareció apasionante. Incluso a pesar de que me conseguí una copia pordiosera, llena de errores ortográficos que a cada rato me substraían de la lectura. De hecho, el que me gustara tanto a pesar de la vergonzosa edición habla de su enorme calidad. Uno no debería subestimar al prácticamente padre de la ciencia ficción con el prejuicio de que va a encontrarse con un libro ya superado. Esa opinión, nada más que un prejuicio, podría estar motivada por el respetuoso espacio que Verne le dedica a los planteamientos que la ciencia de su tiempo tenía alrededor de, por ejemplo, el comportamiento de los proyectiles. Pero tan completas y tan lógicas son todas sus afirmaciones al respecto que seríamos muy injustos si simplemente sostuviéramos que esas tesis científicas, en lo que respecta a algunas, son casos particulares de fenómenos más generales; y en lo que respecta a otras, son directamente enunciados que la ciencia contemporánea da por falsos. Lo cierto es que Verne estaba haciendo explícito el universo en el que creían los europeos del siglo XIX. Universo completamente justificado, no sólo por ser relevante para entender el mundo en el que nosotros creemos en la actualidad, heredero directo de aquel; sino porque es en su conjunto un todo inteligible. Y los conjuntos inteligibles (o que tienen la apariencia de serlo) son apasionantes por el mero hecho de existir. Sólo miren, por ejemplo, lo atractivo que nos resulta a muchos el subgénero del steampunk, del que Verne es una fuente directa: estamos dispuestos a cancelar por un instante nuestra realidad e imaginar que habitamos en el mundo de los decimonónicos.

Pero, por otra parte y de manera más importante, el humor de Verne sigue siendo plenamente vigente. Los personajes de la novela se comportan con los aspavientos exagerados propios de una caricatura; sin embargo, están delineados a la perfección, se les da su oportunidad de hablar y de probar su valía y, en general, es evidente que Verne se preocupaba bastante del papel que tenían en la historia que estaba contando. Van mucho más allá de ser meros maniquíes detrás de la excusa para presentar una idea de ciencia ficción, como ocurre en el caso de los personajes de La guerra interminable. Por el contrario, De la tierra a la luna se trata de una novela que fluctúa graciosamente entre el género de la ciencia ficción y la aventura, lo que la hace verdaderamente amena.


8- Por último el cuervo

Autor: Italo Calvino.

Título original: Ultimo viene il corvo

País: Italia.

Publicado en 1949.

Traductora: Aurora Bernárdez.

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El hombre desnudo trepó a un sauce. El valle era todo bosques y taludes zarzosos, bajo una fuga gris de montañas. Pero en el fondo, en una curva del torrente había un techo de pizarra y un humo blanco que subía. La vida, pensó el hombre desnudo, era un infierno, con algunos atisbos de antiguos felices paraísos.

Éste es un libro que empecé a leer en algún momento que escapa a mi memoria y que quedó sometido a un proceso cíclico de abandono y recuperación que se extendió a lo largo de muchos años. Incluso pensaría que estuve empezándolo a lo largo de toda una década. En realidad, me causa cierto desconcierto verlo aquí, en la lista de lecturas finalizadas. Me habla sobre la inmensa cantidad de tiempo que un ser humano, finito y consciente de su finitud, puede atreverse a despilfarrar para llevar a cabo un acto.

Pero hay una razón por la que me tardé tanto en leerlo. Se trata de una colección muy amplia de cuentos y cada uno de ellos conserva un margen importante de independencia. Algunos son cuentos sobre los partigianos de la segunda guerra mundial; sin embargo, muchos otros se refieren a diferentes acontecimientos de la vida cotidiana rural italiana.

Algunos cuentos tienen como protagonistas a niños y adolescentes, etapas que el autor había dejado no hacía mucho tiempo a la hora de publicar esta colección. Y a pesar de la juventud que tenía Calvino en aquel entonces, la calidad de sus cuentos es inmensa. En realidad, son narraciones que me gustaron mucho más que las de su otro libro, publicado en una etapa de mayor madurez, Las ciudades invisibles. Aquellos cuentos me produjeron un interés intenso, pero tenían un estilo de “cuento-aforismo” que no aprecio tanto como el estilo tradicional utilizado en los cuentos de Por último el cuervo.

Son tantos cuentos y los leí de manera tan dispersa que sería difícil enumerar los que más me gustaron. Pero, por mencionar unos cuantos, recomendaría El jardín encantadoLos hijos holgazanes, en lo que se refiere al tema de infancia y juventud. Alrededor del tema de la guerra y la resistencia, los que más me gustaron fueron Uno de los tres vive todavía y el que tiene como título el nombre de esta colección, Por último el cuervo. Aparte de éstos, el que se titula Robo en una pastelería, es muy entretenido.


7- Saga de los groenlandeses. Saga de Eirik el rojo

Autor: Anónimo.

Título en islandés modernoGrænlendinga saga. Eiríks saga rauða 

País: Islandia.

El manuscrito original data del siglo XIII.

Traducido del inglés (sí, del inglés, no es una traducción directa del original) por Antón y Pedro Casariego Córdoba.

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Entonces Thorhall el cazador se adelantó y dijo: “¿Acaso no se ha manifestado Barbarroja con más poder que vuestro Cristo? Ésta es la recompensa que recibo por haber compuesto un poema para la mayor gloria de Thor, mi patrón; él me ha fallado pocas veces.

Éste es un relato clásico de los vikingos, escrito con una sobriedad que impresiona y rompe algunos prejuicios con los que pintaba a ese pueblo. Tenemos aquí a unas gentes que presienten inquietas la llegada de las heladas, se enfrentan continuamente a la escasez de recursos y, en general, tienen el mismo temor a la divinidad, la misma superstición ante los errores y el mismo malestar al presenciar malos augurios, que cualquier otra persona. Lejos están de la imagen de guerreros temerarios sedientos de sangre, que se emborrachan en tarros hechos con los cráneos de sus enemigos y se lanzan con bravura demente a sus empresas.

Además, la narración sigue la línea desinteresada, poco dada a la exaltación, que usaría un historiador. No se habla aquí de gloria o de riquezas en un tono que apasione. En su lugar, tenemos frases templadas sobre las recompensas de la virtud, sobre la piedad cristiana, etc.

En fin, que leí este libro con cierto desencanto. Pero, una vez deshecha mi ilusión infantil al respecto, hay bastantes detalles interesantes en este libro. Muchos de ellos sólo pueden leerse entre líneas. Por ejemplo, podemos estimar cómo se enfrentaron en su día las ideas del cristianismo y las antiguas creencias nórdicas. Así, al mismo tiempo que se habla de piedad cristiana, se acepta tácitamente el poder que puede tener una sibila o el respeto que suponen los enterramientos de la antigua religión. O se acepta que una invocación a un dios ancestral puede dar algún resultado el cual, malo o bueno, sigue suponiendo cierto poder en aquella deidad. En contraste, los adoradores de Baal de la Biblia no conseguían de su dios ninguna respuesta.

Y, por último, está el misterio de Vinlandia y de los skraelingar, que es, al final de cuentas, la razón que lleva a uno a leer esta saga. El relato consigue presentar ese territorio como un espacio que llama al aventurero como una sirena y que luego se descubre incomprensible e inhabitable. Es una característica tentadora y fascinante, propia de los límites de la Tierra, sobre la que voy a estar insistiendo en varios de los libros de esta lista.


6- El cartógrafo de Lisboa

Autor: Erik Orsenna.

Título original: L’entreprise des Indes

País: Francia.

Publicado en 2010.

Traductor: Juan Manuel Salmerón.

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Hay que tener un talante particular para ser un buen mentiroso: imaginación y disciplina no siempre van a la par. Por lo tanto, los cartógrafos mentirosos son raros. Los talleres se los disputan y pueden exigir emolumentos que nunca obtendrán quienes se dedican a la verdad.

La cartografía es tanto la madre de las ciencias como la madre de Occidente. Y ésta narración se ubica en los tiempos en que esa disciplina elevó a los pequeños reinos europeos a la categoría de super-potencias. La novela es, más o menos a partes iguales, una novela de aventuras, una novela histórica y una biografía, tomando como personaje principal al prácticamente desconocido hermano de Cristóbal Colón.

Los capítulos que más me gustaron son los referidos al desarrollo inicial de la cartografía, apartados en donde el autor se extiende entusiasmado en los pormenores de esa profesión hoy en día tan olvidada, relegada como ha quedado a un subconjunto de la aburrida Geografía. En contraste, en el siglo XV, los mapas eran verdaderamente fascinantes y misteriosos. Esa cartografía embrionaria nos despierta el asombro de la niñez, con sus señalamientos sobre la ubicación del reino del Preste Juan, o sus enigmáticas notas de “Hic sunt dracones”.

Frente a la seducción y al protagonismo de la cartografía, los capítulos finales del libro, dedicados ya de lleno a la conquista, se sienten un poco forzados. El mismo autor parece llevar prisa al dedicarse a ellos, como si se diera cuenta de haber ingresado al desnivelado terreno de los tópicos.


5- El negrero

Autor: Lino Novás Calvo.

País: Cuba.

Publicado en 1944. 

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El teniente que mandaba la flotilla recorrió la factoría y preguntó en qué comerciaba.

Pedro dijo:

-En esclavos.

Era vano decir que en aceite y otros productos del país; cada factoría tenía sus barracones bien marcados, y aquel nutrido ejército de blancos, negros y mulatos armados que Pedro tenía en el islote era el cuerpo mejor organizado de la costa.

-¿Piensa usted conquistar la selva, Mister Blanco?-.

Como pueden ver, en esta lista abundan las novelas de aventuras. Quizá se trata de una coincidencia. Quizá es un deseo no totalmente conceptualizado de mi parte.

Ésta es una historia situada en la edad de oro de la trata de esclavos; la época de las colonias americanas, los ingenios azucareros, los piratas y otros escenarios emocionantes por el estilo. Lo mejor es que se narra desde el punto de vista del traficante, lo que nos da la oportunidad de imaginar cómo era capaz de realizar su actividad sin que ningún reproche le perturbe el sueño. De hecho, no hay aquí aburridos juicios morales o censuras hipócritas sobre el actuar de esos comerciantes, que al final de cuentas no eran más que eso. La condena (obvia) habla por sí sola y no es necesario exponerla más allá de la presentación del hecho: así se había configurado el mundo proto-capitalista y ésa era la manera en la que la sangre africana nutría las arcas de Europa.

En lugar de mojigatería, tenemos una entretenida historia de peripecias, desgracias y triunfos de un hombre que persigue el sueño típico de los individuos occidentales; el alcanzar la autonomía económica mediante el esfuerzo de sus propias manos y enfrentándose directamente al resto de voluntades que se le interponen en el camino.

La verdad, la novela no podría haber cumplido mejor todo lo que esperaba de ella. Pueden leerla esperando encontrar el escenario de ese mundo colonial que más les agrade: hay batallas navales, escorbuto, motines, insurrecciones de esclavos, reyes enloquecidos en el interior del África, enfrentamientos audaces ante las superiores fragatas británicas, alianzas, traiciones. Incluso aparece una mujer pirata despechada. En resumen, la novela tiene de todo.


4- Último Round 

Autor: Julio Cortazar

País: Argentina.

Publicado en 1969. 

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Y entonces (pocos me creerán, parecerá más «lógico» pensar que he buscado librescamente estos armónicos), una frase de Maurice Merleau-Ponty vino a justificar en mi propio terreno, el de la significación, la forma meramente receptiva y abierta a cualquier sorpresa en que yo seguía escribiendo un libro del que no sabía casi nada: «el número y la riqueza de las significaciones de las que dispone el hombre exceden siempre el círculo de los objetos definidos que merecen el nombre de significados.» Y a continuación, como si me ofreciera un cigarrillo: «La función simbólica debe adelantarse siempre a su objeto y sólo encuentra lo real cuando se le adelanta en lo imaginario…».

Es ésta una compilación de poesías, cuentos, ensayos, reportajes y otras formas de prosa. En ese sentido, me recuerda un poco a aquella otra colección de Cortazar, Historias de cronopios y famas, en la medida en que ambas son obras altamente experimentales. Aunque Último Round da un paso más allá. Está lleno de fotografías, dibujos y cambios de tipografía. No parece que las diferentes narraciones obedezcan alguna dirección en concreto. En realidad, da la impresión de que estamos leyendo los recortes de diferentes periódicos o revistas, lo que también parece ser sugerido desde la propia portada y el diseño tan peculiar que tiene la propia composición física del libro. Como si fuera un cuadernillo y nos dedicáramos a pegar secciones que nos hubieran interesado.

Obviamente, si esta obra está en este puesto es porque el contenido de esta especie de montaje va más allá de la originalidad de su presentación. Sobre todo fueron los ensayos los que más llamaron mi atención. El mejor de ellos, El cuento y sus alrededores,desarrolla una teoría concisa del cuento e incluye una valorización personal de lo que Cortazar piensa que ha alcanzado con sus cuentos más famosos. Me parece un texto imprescindible para todo aquel que desee escribir un cuento. Sobre todo me parecen inspiradas sus ideas alrededor de “la economía del espacio” y “la carrera contra el reloj” en la que se traducen los cuentos. Aunque Cortazar también coloca ciertos velos de misterio sobre ciertas hazañas de su propia labor de cuentista. El ensayo se parece, más bien, a los consejos generales que ofrecería un maestro artesano a un discípulo; el maestro espera que el alumno tenga la sagacidad necesaria para comprenderlo y, al mismo tiempo, se coloca en una altura superior desde la que no podrá imitarlo. No se trata de una guía o un manual desabrido para que cualquiera, con un mínimo de compromiso, pueda elaborar un cuento.

En el libro hay también relatos magníficos. Destacaría Descripción de un combate, Silvia Turismo Aconsejable. Como decía antes, parecería que no hay ninguna correspondencia entre los textos que componente este libro. ¿Cuál es el enlace que conecta al box, a los cuentos cortos y a los ensayos sobre qué supone un buen cuento? En realidad, no es tan difícil la pequeña reflexión adicional que nos informa que sí que hay relación.


3- Patagonia Express

Autor: Luis Sepúlveda.

País: Chile.

Publicado en 1995. 

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-Buenas tardes – Saludé.

-Eso se puede discutir. ¿Qué se le ofrece mister?

-Tengo que volar al Coca. ¿Puede decirme cómo lo hago?

-Seguro. Para volar basta con agitar los brazos, correr para tomar impulso y encoger las patas. ¿Algo más?

-No joda compadre. Tengo que volar al Coca.

-Seguro, mister. Hable con el capitán Palacios.

-¿Dónde lo encuentro?

-Dónde va a ser, en el bar de Catalina. Chapotee por el lodo hasta el final de la calle. Y cuidado con los puercos. Son muy hijueputas.

El género de la memoria o la remembranza literaria está a medio camino entre la novela y el diario. Y cuando se hace bien y la vida así lo merece, tiende más a la novela de aventuras. Así sucedía con Pelando la cebolla, aquellas memorias de Günter Grass que tanto me gustaron. Así sucede también con este libro.

Tenemos en esta obra, como personaje principal, a un autor trotamundos que relata su paso por Sudamérica durante su juventud. Y seguramente cualquier otro se daría por satisfecho con sólo una fracción de la ruta que aquí se hace.

Aunque el viaje cubre amplios espacios geográficos, que van de Chile al Amazonas, la travesía está especialmente enfocada, como el título lo indica, en la región de la Patagonia, tanto en su parte chilena como la argentina. Un lugar de la Tierra que el autor describe como conservando todavía el salvajismo y la pureza propios del fin del mundo. En ese sentido, el tema guarda mucha relación con el siguiente libro de la lista, que empecé a leer inmediatamente después.


2- Juegos Africanos

Autor: Ernst Jünger

Título originalAfrikanische spiele

País: Alemania

Publicado en 1936. 

Traductor: Enrique Ocaña.

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Sospechaba con razón que sólo es posible conocer a los hijos naturales de la vida si se daba la espalda a los representantes legítimos del orden establecido. Por supuesto mis modelos estaban forjados a la medida de un quinceañero que todavía no conoce la diferencia entre héroes y aventureros. Pero poseía un instinto sano, pues suponía que lo extraordinario se hallaba más allá de las esferas sociales y morales de mi entorno.

No somos ajenos todavía al ensueño de la huida al fin del mundo. Todavía existen tierras donde puede alimentarse la esperanza de satisfacer un espíritu heroico, ansioso de aventuras. Aún podemos pensar en escapar de la forma de vida programada por la noción de ciudad; consumar esa fuga absoluta en la que, a ratos, delira nuestra mente. Por supuesto, con cada día que pasa, la ilusión desaparece; Occidente es una bestia voraz que convierte y consume la totalidad del globo.

El espejismo de los confines de la tierra es el tema de esta novela. Así que, de nueva cuenta, ésta es otra historia de aventuras. Contada desde la primera persona de un muchacho con la osadía suficiente como para convertir la ilusión en acto. Pero Jünger hizo de esta obra lo suficientemente compleja como para incluir también la manera en la que los demás suelen responder a tales audacias. El mundo nunca se opone de manera directa; no prohíbe tosca o tajantemente. La manera en la que el mundo disuade es a través de la normalización de los actos. Una aventura deja de serlo cuando se burocratiza, cuando se la hace parte de un aparato, cuando el aventurero se percata de que no ha alcanzado la libertad ni se ha deshecho de los propósitos prosaicos de la civilización.

Una obra que alude a impulsos y elucubraciones con los que me siento plenamente identificado. La considero una lectura imprescindible para los aficionados al sueño de la aventura. Aunque, por motivos subjetivos de los que hablaré enseguida, mucho menos importante que la siguiente novela, que encabeza mi lista.


1- Las partículas elementales

Autor: Michel Houellebecq

Título originalLes particules élémentaires

País: Francia

Publicado en 1998. 

Traductora: Encarna Castejón.

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Algunos dicen

«la civilización que hemos conseguido todavía es frágil,

acabamos de salir de la noche.

Todavía vemos la imagen hostil de esos siglos de infortunio;

¿no sería mejor olvidarlos para siempre?»

 

El narrador se levanta y recuerda

con ecuanimidad, pero con firmeza,

que ha tenido lugar una revolución metafísica.

 

Igual que los cristianos podían imaginarse las civilizaciones antiguas, podían hacerse una idea completa de las civilizaciones antiguas sin que los atormentara la duda o la necesidad de revisión,

porque habían superado una fase,

habían subido un tramo de escalera,

habían atravesado un punto de ruptura; […].

Admito que ésta no se trata de una novela que pasará a los registros inmortales de la literatura universal. Esa categoría es propia de otras obras de mi lista, como Juegos africanos o La saga de los groenlandeses. Admito que, entre aquellos que creen en criterios de objetividad en la literatura, estoy seguro de que muy pocos coronarían a Las partículas elementales con la categoría de obra imprescindible. Y, sin embargo, no puedo evitar apreciar el incendio y la sacudida en mis pensamientos que su lectura me supuso, impresiones muy violentas e incomparablemente superiores a las que sentí con el resto de los libros de esta lista.

Me doy cuenta de que el requisito necesario para que ocurra esa sensación, que podría definir de manera preliminar como “impacto literario”,  nunca está en el propio libro, considerado de manera independiente. El impacto literario involucra una relación entre el escrito y mi propia condición. Se trata de un vínculo entre la narración y el encontrarme situado en una circunstancia determinada, con mi interés proyectado hacia cierto aspecto de mi vida. Cuando se da ese nexo, cuando lo que podríamos llamar como comunicación brilla de manera genuina, es cuando experimento ese efecto tan increíble de conmoción.

Las partículas elementales es una novela que nunca hubiera leído si no fuera por el encadenamiento de factores muy específicos: estar de viaje, en un entorno muy ajeno y extraño. Frecuentando, y sintiéndome todos los días como un forastero totalmente intruso, un centro de investigación científica. Me hallaba muy susceptible a la introversión y al estado de cavilación que de esa conducta se deriva. Fue una casualidad que, en una Ghandi polvorienta y prácticamente desahuciada de Hermosillo, en medio de manuales escolares, best-sellers y otras insignificancias, descubriera este pequeño libro cuya portada no llamaría mi atención en ninguna otra circunstancia. Desconocía al autor en aquel entonces. Fue un libro que llegó a mis manos mientras sucumbía al hastío. Y resultó ser una joya entre la inmundicia.

El libro es un universo contenido, como todas las grandes obras. Si nos fijáramos en lo más superficial, podríamos pensar que se trata de una descripción de la sociedad francesa que se “liberaba” a finales de los años sesenta del siglo XX, de cómo se dirigía sin freno al estilo de vida propio de la sociedad de consumo occidental en la que nos hallamos. Pensaríamos que retrata cómo empezó el culto de la juventud de nuestra cultura, la sed por las extravagancias que se ponen de moda en Estados Unidos, la necesidad por satisfacer los deseos sexuales de la manera menos ceremoniosa posible. Alguien un poco más avispado podría pensar que esta novela es, en realidad, una historia de ciencia ficción, donde tiene lugar un proyecto de “complementación humana” impulsado por la genética molecular. Se trataría de un escenario donde podemos concebir la superación biológica de la antigua humanidad, incapaz ya de rebasar el techo alcanzado en el siglo XX.

Pero lo cierto es que el punto de Houellebecq es mucho más radical. El relato, más que una estimación o una evocación, involucra la presentación, sin partidismos ni condenas, de la cosmogonía científica. Pues la ciencia no es una actividad neutral, como ninguna donde se vea involucrado el ser humano. No es una investigación que puramente desarrolle teorías a través de los insumos del exterior, ni es una actividad que de manera imparcial evalúe una realidad pura y externa. En la ciencia hay implícita una visión del mundo, una cosmogonía. Después de todo, aun si el presupuesto de la ciencia es que el mundo está desencantado, ello no deja de ser una tesis cosmogónica; un principio que puede deshilvanarse y del que podemos extraer sus últimas consecuencias.

Lo que esta novela pretende puede resumirse en una especulación: ¿qué pasaría si, efectivamente, hiciéramos explícitos los presupuestos de la ciencia? ¿Qué pasaría si la humanidad asumiera de manera plenamente consciente la visión científica de la realidad y dirigiera sus pasos en consecuencia? La idea del libro no es tanto presentar la historia (de ciencia ficción) de cómo se desarrollaría un proyecto de complementación humana, sino justificar el acto del ser humano que se decide a llevarlo a cabo.

Inmerso en esa lectura y en esas reflexiones paseaba, entre los departamentos de investigación molecular del CIAT, como un extranjero lo haría en medio de los templos hieráticos egipcios. Sospechando la gravedad del secreto que esconden.

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Un comentario en “Libros leídos en el 2017

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