Libros leídos en el 2016

Siguiendo la costumbre, e intentando llegar un poco más a tiempo que en otras ocasiones (en contraste, la lista del viejo Ark siempre es muy puntual), he aquí  los libros cuya lectura finalicé el año pasado.

Antes de cada comentario he seleccionado, para cada libro de esta lista, alguna cita o símbolo que, durante mi lectura, me hubiera parecido especialmente interesante.


  • Eva Wong, Cuentos de los inmortales taoístas. Traducción de María Tabuyo y Agustín Lopez.

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Preguntó al hombre: «¿Cuál es el numérico del elemento tierra?»

Él respondió: «No sé el numérico del elemento tierra, pero el sur es tres, el norte es cinco, el este es nueve, el oeste es siete y el centro es uno».

«Eres un hombre de honor y virtud», exclamó Nü. «Te pregunto una cosa y me respondes cinco. Por favor, ven a comer a mi ermita y háblame sobre el Tao».

Ésta es una compilación de historias que la tradición oral china ha conservado durante milenios. Algunos de estos cuentos son fábulas que transmiten consejos o enaltecen determinadas virtudes. Otros simplemente relatan anécdotas o situaciones graciosas que viven los sabios. Y todos están  relacionados de alguna manera con la búsqueda del Tao. Naturalmente, son historias que un cuentista dirigía a niños en una plaza concurrida. De manera que los cuentos no se complican demasiado en discusiones filosóficas sobre cómo definir al indefinible Tao. Únicamente se nos dice que los sabios suelen encontrarlo luego de un retiro contemplativo en las montañas. Y se nos dice también el resultado final del proceso: la inmortalidad y la sabiduría tanto en la medicina como en las artes de gobierno y de estrategia militar.

Pero las historias de esta compilación deben entenderse como traducciones de la palabra oral a la palabra escrita. De manera que tan sólo puedo imaginar la verdadera experiencia que sería escuchar estas historias en un parque, ante un viejo cuentista de larga barba blanca, que narra mientras fuma tranquilamente de su pipa de bambú; y recibe dignamente, sin solicitarlo, las monedas que los niños le ofrecen como agradecimiento por sus relatos.


  • Séneca, Sobre la tranquilidad del alma, Sobre la brevedad de la vida, Sobre el ocio, Sobre la firmeza del sabio. Traducción de Fernando Navarro Antolín.

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Nadie se deja usurpar sus tierras. […] No hallamos a nadie que quiera compartir su dinero ¡Pero entre cuántos distribuye cada uno su vida! Son parcos a la hora de conservar su patrimonio, pero tan pronto llega la ocasión de perder el tiempo, son muy derrochadores de éste, única cosa en la que ser avaricioso es una virtud. Me gustaría sujetar a alguno de entre los muchos ancianos y decirle: «Vemos que has llegado al final de la vida humana. Calcula cuánto de ese tiempo te arrebató un acreedor, cuánto tu amante, cuánto tu patrono, cuánto un cliente, cuánto las discusiones con tu mujer, cuánto el castigo de tus esclavos, cuánto tus idas y venidas por la ciudad para cumplir tus deberes. Añade las enfermedades que tú mismo te provocaste; añade también el tiempo que pasó sin provecho. […] Trata de recordar cuándo has sido firme en tu propósito, cuántos días transcurrieron tal y como habías proyectado, cuándo disfrutaste de ti mismo, cuándo tu rostro ha estado relajado, cuándo tu espíritu fue intrépido, qué obra has realizado en tan larga existencia, cuántas personas han saqueado tu existencia sin que tú te dieras cuenta de lo que perdías […]; entonces comprenderás que tu muerte es prematura. […] Vives como si fueras a vivir eternamente. Jamás te acuerdas de tu fragilidad, nunca reparas en cuánto tiempo se te ha ido ya. […] Todo lo teméis como mortales, todo lo deseáis como inmortales.

No es la primera vez que leo los diálogos de Séneca. Incluso alguna vez impartí una clase del diálogo titulado “Sobre la brevedad de la vida”. Pero ahora mi lectura la realicé en un estado de ánimo muy diferente, en donde mi susceptibilidad estaba especialmente interesada en los temas tratados por Séneca. Prueba de ello es la entrada que escribí sobre la vejez. La situación en la que me encuentro me remite directamente a atender las cuestiones que trata Séneca. ¿Para qué ansiar ocupar el tiempo con labores repetitivas?¿Para qué ansiar huir del ocio? Sólo el ocio dota al espíritu del tiempo necesario para alcanzar un estado fértil para crear una obra. Sólo el ocio nos sitúa en nosotros mismos, ajenos a las inquietudes y preocupaciones de la vida cotidiana, ajenos a las situaciones que laceran la mente sin acercarnos a nada en particular.

Regresando a Séneca, en todas las ocasiones que lo he leído he sentido que la belleza de sus palabras es la única justificación que requieren sus consejos morales. Recuerdo especialmente una ocasión en la que expuse un texto de Séneca ante un profesor que no se cansaba en denostar el valor de estos diálogos. Aunque, ciertamente, él admitía que estaban escritos prodigiosamente. Pues bien, ¡eso es todo lo que me importa! A mí no me interesa que Séneca, durante su vida, casi nunca haya obedecido lo que dictaban sus propios diálogos. Me parece irrelevante que Séneca haya sido uno de los hombres más ricos de Roma y estuviera sumergido en intrigas de poder, que no estuviera libre del comportamiento adulador e hipócrita que caracteriza a los cortesanos. Nada de eso me concierne a la hora de leer sus diálogos. Lo que se sabe correcto es independiente de lo que se hace, pues lo primero no causa lo segundo dado que somos criaturas libres (esto es, con libre albedrío). De manera que la vida de Séneca no es una refutación de su obra. Si el mismísimo Nerón o Calígula, en medio de sus tiránicas ejecuciones y orgías, hubieran escrito estos tratados, el valor de éstos permanecería tan constante como lo está con Séneca. Naturalmente, la persona del artista o la del filósofo no comparte la calificación de su obra ni sus actos están justificados por su belleza. El artista, en tanto que hombre, no se puede lavar las manos. Sin embargo, el hecho de que estos diálogos reflejan una idea de sabiduría y de comportamiento moral al que uno debería apuntar, es algo que considero una verdad absoluta.


  • Thomas Mann, La montaña mágica. Traducción de Isabel García Adánes.

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Maravillosa. Recorrer esta obra fue una de las mejores experiencias de mi vida. Hace poco más de seis meses terminé de leerla y ya contemplo el volumen, en mi librero, con la melancolía con la que se mira a los objetos más preciados de la niñez.

El escenario en el que tiene lugar la historia es, aparentemente, un simple centro de rehabilitación de tuberculosis que se encuentra en lo alto de las montañas suizas. Es un sitio especial, sin embargo; capaz de desprender a los hombres del tiempo propio de la civilización. Algunos relacionan este poder con la irresponsabilidad; otros, con la muerte. Y unos pocos más, con un estado de contemplación particular, requisito para alcanzar la sabiduría.

La novela es un universo en sí mismo, en donde la relación que hay entre la vida y el tiempo es la cuestión fundamental. Pero, ¿acaso no es ésa la relación más fundamental de todo universo relevante al hombre? Si quiero resumir esta obra en pocas palabras, sólo puedo decir demasiado poco.

Si uno lo desea, mientras lee, es posible sentir varias facetas del poder que se le asocian a la propia montaña mágica. Tan sólo diré que leer la novela de un tirón, en el espacio de pocas semanas, sería incorrecto. Ésta obra debe leerse con una cadencia serena. Se deben emular las propias reglas a las que el protagonista de la historia, Castorp, se ve arrastrado a obedecer al inicio de la novela. Entonces, después de algunos meses de haber estado sustraído del mundo, en un estado de contemplación muy especial, el lector regresará a la vida y a la realidad. Y probablemente se diga a sí mismo que, de haber sido la novela mucho más larga (digamos, del tamaño de En busca del tiempo perdido), uno nunca hubiera regresado.


  • Stephen Crane, Cuentos mexicanos. Traducción de Antonio Saborit.

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El sonido de una guitarra despertó a Richardson. Una guitarra mal tocada –precisamente en esta tierra mexicana, de donde los Estados Unidos reciben como perfume la leyenda de tal instrumento-. La guitarra gemía y lloriqueaba como alma en pena. El sonido de ciertas pisadas rítmicas acompañaba la música. A veces se oían risas, pero eran más frecuentes las voces de los hombres diciéndose cosas tremendas unos a otros; pero la guitarra no callaba, el sonido plañidero como si alguien golpeara metales y el bajo zumbaban como las abejas.

Se trata de una pequeña colección de cuentos que Crane redactó mientras visitaba México en 1895. Las historias retratan la propia situación del escritor en aquel entonces: tratan de jóvenes gringos que se encuentran de paso en tierras mexicanas. Y el interés que despiertan estos relatos es justo el que se esperaría: el contrastar las actitudes propias de los estadounidenses frente a las actitudes de los mexicanos. Por un lado, los estadounidenses son calculadores, ávidos de riqueza y plenamente convencidos de la superioridad del hombre blanco respecto a los hombres de otras razas; por su parte, los mexicanos son indolentes, perezosos y bravucones, aunque se les  ahuyenta fácilmente si se les mira con determinación.


  • Jane Austen, Sensatez y sentimiento. Traducción de José Luis López Muñoz.

9788420686561

Elinor, después de observarlo algún tiempo, no se sentía inclinada a creer que fuera ni tan desagradable ni tan maleducado como quería parecer. Quizá su carácter se había amargado un poco al descubrir, como otros muchos varones, que, debido a una inexplicable debilidad en favor de la belleza, se había casado con una mujer muy estúpida, si bien Elinor sabía que se trataba de una equivocación demasiado frecuente para que ningún hombre sensato sufriera para siempre por ella. Era más bien un deseo de distinguirse, dedujo, el origen de la manera despreciativa que el señor Palmer tenía de tratar a sus semejantes y sus continuos improperios contra todo lo que se le ponía por delante. Deseaba parecer superior a los demás.

Antes que ser una novela, Sensatez y sentimiento es una especie de manual moral de comportamiento. Las intenciones pedagógicas de este escrito son demasiado obvias, o bien Austen no pretendía ocultarlas. Pero esto tiene como consecuencia que la narración adopte en muchas ocasiones el sobrio tono de una lección. La enseñanza, pese a todo, es impecable y se refiere a nociones de prudencia y carácter sobre las que estoy plenamente convencido de que debería cultivar. Pero las inflexiones didácticas se alejan de lo que cabría esperar de una novela genuina, principalmente en lo que se refiere a la autenticidad de sus personajes. Elinor y Marianne son como dos diosas griegas que están totalmente definidas por el aspecto del carácter que representan, la una a la sensatez y la otra al sentimiento. En contraste, un verdadero ser humano se caracteriza por la oscilación que involucra su comportamiento, y si bien prefiere una dirección a otra, nunca está totalmente proyectado hacia un solo punto. La oscilación humana, naturalmente, es inapropiada para los fines de un pedagogo. Pero hubiera deseado que Elinor hubiera tenido esos rasgos de humanidad. Soy un apasionado de los personajes femeninos fuertes. Y, siendo ella “tan sólo” una diosa, únicamente puedo venerarla como se venera a los ideales.


  • John Toole, La conjura de los necios. Traducción de J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez.

9788433920423

Una novela sobre los ridículos giros de la fortuna a los que se enfrenta el alter-ego del propio John Toole. En ese sentido, la historia parte de una perspectiva muy parecida a la de El tambor de hojalata de Günter Grass: Ignatius Reilly es a Toole lo que Oscar Matzerath es a Grass. Ambos personajes se enfrentan a la misma situación difícil que aquella en la que se encontraban sus autores; pero, a diferencia de éstos, consiguen escapar de ella con gracia. En ambos casos, los alter-ego tienen las mismas cualidades físicas de sus escritores, si bien llevadas hasta la exageración, incluso de una manera que uno consideraría, a primera vista, como una desventaja. Oscar es un enano contrahecho mientras que Ignatius es obeso y grotesco como un manatí. Pero, a pesar de su aspecto (incluso se podría decir que gracias a él), Oscar es un casanova irresistible e Ignatius es un quijote completamente seguro en su desdén por la sociedad y plenamente emancipado del deseo de requerir algo de ella. Así que, de cierta forma, ambas novelas son de superhéroes, pues no hay duda de que esas cualidades las deseaban para sí sus propios autores (¡y sus propios lectores, naturalmente!).


  • Franz Kafka, El proceso. Traducción de Miguel Sáenz Sagaseta.

9788420678191

Probablemente no es la primera vez que leo El proceso. Digo probablemente pues ya no me fio demasiado de aquellas ediciones de Porrua o de Tomo que leí hace años.

Pensaría que, de entre las tres grandes distopías que se han escrito (1984 y Un mundo feliz son las otras dos; Fahrenheit 451 se encuentra a la entrada del podio), El proceso describe el escenario más asfixiante e injustificado para el individuo. Y ello es así a pesar de que Kafka sólo nos dejó con una gran cantidad de fragmentos de lo que pudo ser su trabajo final y muchos de éstos son totalmente discontinuos. Pero seguramente esa misma naturaleza inacabada de la obra amplifique el aspecto absurdo de las situaciones que se presentan y le otorgue a la novela un encanto paralelo al que tiene la Venus de Milo, que carece de brazos.

Se me podría discutir el hecho de que considere como una distopía a El proceso. Por mi parte, yo creo que uno de los elementos clave de toda distopía es el estar conformada por una estructura de poder (gubernamental o de otro tipo) que ha conseguido alienar efectivamente a los individuos que gobierna. Deshumanizarlos de tal manera que, de personas con voluntad, pasen a convertirse en animales dispuestos a arrastrarse en el fango con tal de conseguir el perdón de sus amos. Ahora bien, las distopías usuales (1984, Un mundo feliz) han alcanzado un estadio tecnológico y político en el que todavía no se encuentra nuestra sociedad, por más que continuamente se hayan dado pasos en esa dirección. En contraste, los elementos sociales actuales son suficientes como para construir el laberinto burocrático que permite el escenario de eliminación del sujeto que tiene lugar en El proceso. En otras palabras, El proceso es una distopía que ya ha sido alcanzada, a diferencia de las otras obras que he citado.

Está en un error Orson Welles cuando dice que El proceso recuerda a un sueño o a una pesadilla. Por el contrario, recuerda a la realidad efectiva que han construido aquellos que ostentan el poder institucionalizado contemporáneo.


  • Robert Graves, Yo Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina. Traducción (ambas obras) de Floreal Mazía.

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9788420698953

– ¿Ves eso? Eso es parte del máximo monumento que jamás se ha construido, y aunque monarcas como Augusto y Tiberio lo han acrecentado y mantenido en buen estado, lo construyó un pueblo libre. Y no me cabe duda de que durará tanto tiempo como las pirámides, además de haber resultado infinitamente más útil para la humanidad.

-No entiendo qué quieres decir. Parece que estuvieras señalando el palacio.

-Te estoy señalando la vía Apia- contesté con solemnidad-. Se comenzó a construir durante la censoría de mi gran antecesor Appio Claudio el Ciego. El Camino Romano es el más grande monumento que jamás se haya levantado a la libertad humana por un pueblo noble y generoso. Atraviesa montañas, ciénagas y ríos. Es ancho, recto y firme. Une ciudad con ciudad, nación con nación. Tiene decenas de miles de kilómetros de largo, y siempre está atestado de agradecidos viajeros. En tanto que la Gran Pirámide, de unas cuantas decenas de metros de ancho y de alto, atemoriza a los espectadores y los obliga a guardar silencio, si bien no es más que la tumba saqueada de un cadáver innoble y un monumento a la opresión y a la desgracia.

Yo, Claudio es una novela que tenía en mi lista de libros pendientes desde hace varios años, así que me alegra haberla terminado por fin. No sólo eso, sino que quedé tan seducido por ella que me leí Claudio el dios casi inmediatamente después. En estricto sentido, ambas obras deberían considerarse una sola. De hecho, no creo que uno pueda leer adecuadamente a Claudio el dios sin antes haber leído Yo, Claudio. Los segundos capítulos no se leen de manera independiente a los primeros, ni tampoco se venden por separado.

Ambas novelas son una verdadera alabanza a la civilización romana. Y Graves era un estudioso de los historiadores clásicos romanos, de manera que todas las afirmaciones y expresiones que tienen lugar en la historia tienen un referente y una evidencia histórica. No es que ello sea algo que necesariamente nos tenga que importar, pero es un detalle que revela la fascinación que tenía Graves por hacer hablar a uno de los emperadores romanos que, antes de esta novela, más causaba indiferencia. Por supuesto, la obra no intenta imitar el tono sobrio con el que escribían los antiguos, sino que está redactada a la manera anglosajona contemporánea. Personal y llena de sarcasmo y humor.

Naturalmente, como toda novela histórica (Salambó siendo, probablemente, el máximo exponente de éstas), el marco en el que se desenvuelve la narración es la tragedia: el fin de la república romana y el retorno de la monarquía/imperio se vuelve un terreno fértil para que tiranos dementes se sucedan en el poder.


  • Primo Levi, Si esto es un hombre. Traducción de Pilar Gómez Bedate.

9788499422886

Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado límite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es enemiga de cualquier infinitud. Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y ello se llama, en un caso, esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone límite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Se oponen a ello las inevitables preocupaciones materiales que, así como emponzoñan cualquier felicidad duradera, de la misma manera apartan nuestra atención continuamente de la desgracia que nos oprime y convierten en fragmentaria, y por lo mismo en soportable, su conciencia.

Se trata de las memorias de Levi sobre sus meses en el campo de concentración de Auschwitz.

A diferencia de lo que se esperaría, la obra no atiende al problema específico de la culpa alemana, sobre la que luego Levi parece haberse enfrascado en otros trabajos. Por el contrario, los alemanes casi están ausentes de esta narración, salvo algunas órdenes que se escuchan a lo lejos y que se tienen que obedecer en el acto. En realidad, de lo que trata la narración es de la descripción de un animal en el matadero; un animal que, en ocasiones, recuerda haber sido humano.

Y se supondría que no hay nada más difícil que cancelar la conciencia de un ser humano. Sin embargo, Auschwitz demostró que somos capaces de conseguirlo a través de mecanismos racionales, esto es, operando con una estricta puntualidad y exactitud alemana. Como decía, no hay expresiones de odio o de pasión rabiosa por parte de ningún verdugo en el libro. La “crueldad” (si es que habría que llamar de esa manera a la maldad que aquí se describe) se da de una manera automática y procesal.


  • Justo Sierra, La sirena y otros cuentos

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Lo que vais a leer no es un cuento, ni es una leyenda siquiera; es un poemilla muy lírico, muy “subjetivo”, es decir, muy del alma para adentro, si se me permite decirlo así (y aunque no se me permita), que en lugar de estar escrito en verso está compuesto en prosa lo más verso posible (si puede decirse así, que sí se puede).

Otra pequeña colección de cuentos. Su lectura no me atrapó demasiado, puesto que me encontraba de viaje mientras los leía. Me gustó, ciertamente, la manera en la que describe a las jóvenes que pueblan la mayoría de sus cuentos. Hace referencia a un estereotipo de belleza que hace mucho se ha eliminado del imaginario común; pero del que me declaro apasionado.

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3 comentarios en “Libros leídos en el 2016

  1. Aquí voy a pedir que expliques de qué demonios se trata “La montaña mágica”. Él título sólo me recuerda a una atracción de disney y la portada dice aún menos. Pero de todos estos libros, ese fue el que más llamó mi atención. Saludos.

    • Tienes razón en que fuí un poco parco en lo que ponía sobre La montaña mágica. Cuando escribía la pequeña reseña, estaba un poco emocionado. Agregué un pequeño párrafo a la descripción que, igual no aclara demasiado sobre de qué va la novela. Pero siempre es grato garabatear sobre ella. De hecho, estoy preparando una entrada más específica sobre las discusiones que en ella tienen lugar. En fin, también es la novela qué más te recomiendo de toda mi lista.

  2. Pingback: TOP 20 películas vistas en el 2016 | Militarizando al Cyrus

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