Libros leídos en el 2015

Siguiendo la costumbre, (comenzada por este honorable individuo), he aquí la lista de los libros leídos durante el 2015.

Hay libros cuya lectura arrastro a lo largo del año y que encuentran en diciembre el momento idóneo para ser concluidos. Naturalmente, hay otras obras que mi atención dispersa no consigue concluir en un solo año. Aunque, hablando con sinceridad, cuando eso ocurre, tales libros son aplazados indefinidamente. ¿Hace cuánto tiempo que Goedel, Escher, Bach de Hosftadter espera ser finalizado? Un destino similar le ha ocurrido a El camino a la realidad de Penrose. Y, de la misma manera, La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Weber acumula polvo en mi librero desde hacer un par de años.

Durante el 2015, la lista de aplazados fue engrosada con un par de libros que, probablemente y de la misma manera que los ya citados, nunca termine. Por un lado, está el colosal texto de historia titulado, simplemente, Ideas, escrito por Peter Watson. Y el otro texto, también monumental y también de historia, es La primera guerra mundial de Martin Gilbert. Espero que el 2016 me dé oportunidad de limpiar esa cenicienta perspectiva de obras sin finalizar.

Pues bien, comencemos:


  • Jordi Agustí y Mauricio Antón, La gran migración

9788498922004

Mientras leía la ya mencionada Ideas, me surgió la inquietud de profundizar en los temas de la prehistoria humana. Principalmente estoy interesado en indagar en torno a las hipótesis fisiológicas y ambientales (biológicas) que provocaron el origen del lenguaje. Ideas dedica un capítulo a ello pero, siendo un trabajo que persigue dar cuenta de toda la historia intelectual humana, está obligada a no detenerse demasiado en ningún tópico. Me parece que una obra de historia, cuando tiene la pretensión de abarcar periodos demasiado amplios, corre el riesgo de convertirse en una enciclopedia. Sospecho que algo parecido ocurre con Ideas. En todo caso, el tratamiento insuficiente que hace de las “ideas” cuyo origen tuvo lugar durante la prehistoria me dejo con una sensación famélica. Y La gran migración forma parte de mis intentos por saciar mi interés alrededor de esa misteriosa etapa del ser humano.

Encuentro un tono en la obra que me deja la impresión de que no se trata enteramente de una obra de divulgación o que, más bien, los autores no estaban dispuestos a amenizar al lector si ello iba en detrimento de su rigurosa formación como investigadores. Por ejemplo, se detalla de manera extensa los yacimientos de los que se tiene registro y la manera en que su ubicación y características sirven como evidencia para llegar a determinadas conclusiones. Una obra de divulgación sencillamente se limitaría a afirmar que las cosas fueron de tal o cual manera. En La gran migración, por el contrario, se obedece un principio científico de intentar colocar las principales afirmaciones como si éstas se encontraran sobre la mesa de debate. La verdad, celebro ese tono. Aunque acepto que puede resultar un poco agotador para el lector a veces conocer detalles que, hablando con rigor, le interesan más a los especialistas. Por otro lado, esa obsesión de los autores por referirse a los animales únicamente por su nombre científico, muy adecuada cuando se escribe un paper, provocaba que me extraviara bastante. Algunas veces tenía que ver directamente Wikipedia para conocer a qué tipo de animal se referían. Por suerte, el libro está bellamente ilustrado y muchos de las especies que mencionan tienen su correspondiente representación gráfica.

Un capítulo interesante del libro es el dedicado a los neandertales. Según relatan los autores, los neandertales fueron una especie de homínidos que consiguieron emigrar a Europa y que fueron contemporáneos de los homo sapiens. Y, de manera similar a nuestra especie, tuvieron cierto desarrollo cultural e, incluso, se piensa que contaban con lenguaje. Ése me parece un tema de estudio fascinante: el contacto que debió haber tenido nuestra propia especie con la de los neandertales. Los autores pintan un escenario que da pie a muchas conjeturas emocionantes: Seres de piel blanca pero cubierta de vello, que ya cuentan con un desarrollo tecnológico avanzado y que incluso pueden hablar, se encuentran por primera vez con los seres humanos actuales, recién emigrados de África, de etnia negra, llenos de tatuajes y de símbolos pintados en su cuerpo. ¿Habrá sido inmediatamente violenta la reacción entre ambas especies? Lo que está claro es que la coexistencia entre estas dos especies no perduró y los neandertales fueron, o bien asimilados, o bien desplazados y exterminados. Y, hablando de violencia, prosigo con el siguiente libro.


  • Norman Mailer, ¿Por qué estamos en guerra?

norman-mailer-porque-estamos-en-guerra-21115-MLA20203749417_112014-O

Tan ridículas y miopes me parecen las opiniones que el autor presenta en este libro que no me resultó fácil terminarlo. No bromea Chomsky cuando dice que una buena parte de los intelectuales están dispuestos a defender, incluso con sinceridad y entusiasmo, el status quo y las bases del poder institucional. Norman Mailer es uno de esos intelectuales (Freeman Dyson, del cual ya hablé en otra entrada, es otro).

Naturalmente, Mailer no es tan ingenuo como para respaldar lo indefendible. Admite que la invasión a Irak no fue ni justa ni tuvo otra justificación más que la de incrementar la hegemonía de Estados Unidos. Pero tal actitud, por parte de un conservador, no tiene porqué despertar ninguna sorpresa: incluso los sectores más conservadores de la “opinión pública estadounidense” se opusieron a la guerra de Vietnam a principios de 1970, esto es, después de años de intervención norteamericana en Vietnam del Sur.

Pero lo peor de este libro son las reflexiones en torno al terrorismo. Hay una afirmación que me pareció sumamente estúpida. A la pregunta sobre “¿por qué odian los musulmanes a los Estados Unidos?”, Mailer responde: “porque nos tienen envidia”. ¡Ah!, parece entonces recordar, “También nos odian por razones más molestas. El capitalismo de empresa tiene por costumbre apoderarse de grandes porciones de las economías de otros países”. Menuda mierda de frase. Intercambia de lugar el motivo principal por el que cabría odiar a un país y una hipótesis de lo más absurda. Y como si eso no fuera suficiente, Mailer se toma el cuidado de presentar la causa “secundaria” del odio como algo lo suficientemente atenuado como para que adquiera la apariencia de una mera consecuencia colateral; un pequeño efecto negativo de algo que, en general, es muy “saludable”: el capitalismo de empresa. Por otro lado, qué ignorante me parece la hipótesis de que los musulmanes (generalización de lo más imbécil y miope: En Turquía y en Indonesia también son musulmanes y eso no les impide vivir una forma de civilización muy parecida a la occidental) envidian a Estados Unidos. ¿No se detuvo Mailer a estudiar un poco de historia y observar por qué otras civilizaciones han evitado la irrupción de la forma de vida occidental? ¿Por qué Japón, por ejemplo, persiguió una política de aislamiento durante el siglo XVII? ¿Por qué siguen existiendo beduinos y tribus amazónicas? ¿Por qué, en el corazón mismo de la civilización occidental, existen ciertos grupos de personas que deciden crear comunidades autónomas? ¿Tan difícil es para Mailer entender que no todos están interesados necesariamente en llevar una forma de vida como la norteamericana? Y, sin embargo, para él, el odio proviene principalmente de la envidia que se tiene ante tan majestuoso país.


  • José Ingenieros, El hombre mediocre

Sin título-1

Este libro lo encontré, casi deshojado y lleno de polvo, en la vieja biblioteca familiar. ¿Acaso será un breve tratado de ética de un pensador latinoamericano y, por ello, bastante poco leído? Resultó ser un himno a la vitalidad del ser humano y leerlo fue uno de los momentos más estimulantes del año pasado. La importancia que le doy a esta obra la he expresado extensamente en otra entrada.


  • Edgar Allan Poe, Cuentos

9788420674186

Los cuentos de Poe son como las fábulas de Esopo. Todos hemos escuchado o leído varias. En mi caso, por algún motivo, todos los exámenes de inglés que he tenido que cumplir han girado alrededor de esos cuentos. De la misma manera, los primeros ensayos literarios que me exigieron durante mi carrera también empleaban escritos de ese autor. Pues bien, me parecía algo triste que mi memoria sobre esa parte tan importante de la literatura estuviera tan ligada al entorno académico (ambiente que nunca me ha parecido genuino; no se puede amar lo que es impuesto). Por ello decidí leerme esta antología de Alianza Editorial que, en un solo tomo, agrupa los cuentos de terror y de misterio del autor; las aventuras de Gordon Pyme y los cuentos que, en opinión de Cortazar (el traductor de esta antología), no están tan bien logrados, se encuentran en otros tomos que todavía no me he conseguido.

Por desgracia, Los crímenes de la calle Morgue y El corazón delator son ambos cuentos que relaciono mucho con lo escolar (El corazón delator lo vinculo todavía más con Los Simpsons). Por ello, no puedo decir que me produjeran ninguna sensación de sorpresa. Caso muy distinto es el cuento El gato negro, parecido al Corazón delator pero, en mi opinión, mejor conseguido. Otro cuento parecido es El tonel de amontillado, también excelente y también uno que (por suerte) la cultura popular y la universitaria no suele citar. Nunca había leído el cuento La verdad sobre el caso del señor Valdemar, que me dejó totalmente estremecido. Pocas veces he leído una historia de terror tan espeluznante. En ese sentido, Revelación mesmérica también me gustó mucho, aunque intercambia la sensación de terror por la de lo enigmático, que para algunos puede resultar todavía más sugestiva.

Creo que es una característica de los cuentos de Poe el repetir el mismo escenario desde distintas perspectivas. Algunas de esas perspectivas me parecen tan buenas que terminan opacando, en mi opinión, a las otras. Así, por ejemplo, me causó mucha más sorpresa Morella que Ligeia. Sobre todo por la manera en la que Poe conecta el golpe final de la primera en contraste con la segunda.

En suma, me la pasé excelente con estos cuentos. Lo que más me gusta del estilo de Poe es ese interés que tiene por presentar sus narraciones de la forma más enigmática. Su estilo está muy preocupado por evitar todo tono escolar, tímido o timorato (adjetivos todos que, al final de cuentas, hacen referencia más a o menos a lo mismo). Ello le da a sus narraciones una forma muy sincera, como si se tratara de una confesión que un amigo hace. Esa impresión me parece más fuerte por el hecho de que, en general, sus cuentos tienen la perspectiva de la primera persona.


  • Andrei Makine, Requiem por el este

requiem-por-el-este-andrei-makine-772011-MLA20472759626_112015-F

Se trata de una novela en donde tres generaciones de personajes viven las distintas etapas de la historia de la Unión Soviética: la época revolucionaria, la gran guerra patriótica, la lucha por la hegemonía global y, finalmente, el derrumbamiento de ese proyecto de nación. Todas esas épocas están marcadas por la guerra y la tragedia; de la misma manera, todas las generaciones de personajes aprenden rápidamente a desensibilizarse de esas situaciones. La narración no pretende de ninguna manera hacer una apología de la historia soviética. Me parece que el autor tenía la intención de que uno encontrara absurdo y repentino el hecho de que los distintos personajes se encontraran, de repente, en medio de una guerra. Esa misma sensación me recuerda mucho a la que se siente en la película Underground, de la que ya hablé en otra ocasión. Supongo que no es casual que Makine se haya referido, en general, al este y no únicamente a la Unión Soviética al titular su obra. La guerra y la tragedia parecen haberse desenvuelto de una manera muy similar en todos los países del llamado bloque oriental.

La parte que más me gustó de la novela fue el intento que el autor hace para reflejar el modo en el que un niño, que apenas empieza a hacer uso del lenguaje, percibiría los acontecimientos violentos que de repente impactan a su alrededor. La historia adopta entonces una forma de escritura muy extraña que encuentro muy justificada: la perspectiva de un bebé es necesariamente incompleta y los acontecimientos sólo se perciben por medio de extrañas analogías respecto a objetos cotidianos. ¿De qué otra manera podría entender una enorme piedra que, de repente, aparece en la mitad de la choza en la que vive? ¿Cómo puede un bebé comprender la agitación de los pasos de la persona que lo carga, cuyo movimiento opera a un ritmo muy distinto al que está acostumbrado? Makine, me parece, hace un valiente intento por plasmar una perspectiva así.


  • Jorge Ibarguengoitia, Maten al león

jorge-ibarguengoitia-maten-al-leoned-j-mortiz1985180p-202701-MLM20378820807_082015-F

Leí esta novela durante un viaje a mi ciudad natal. Creo que las historias de Ibarguengoitia son ideales para leerse durante esas etapas de confusión y auto-reconocimiento que suponen, para mí, los viajes largos. En general, son obras breves y están repletas de humor negro. Así que, en los ratos en los que la “introspección viajera” me resulta demasiado pesada, puedo echar mano fácilmente a esos textos y mantenerme entretenido por un rato. Por supuesto, estoy completamente enterado de que no voy a alcanzar ninguna conclusión profunda con estos libros y éste que estoy reseñando aquí no fue la excepción.

Se trata de otra novela latinoamericana de dictadores. Pues si los gringos tienen sus películas patrióticas de soldados y espías, los latinoamericanos tenemos nuestro propio personaje idiosincrásico: los dictadores. Nuestros dictadores latinoamericanos no son, como pensaría la mente prejuiciosa de un extranjero, sujetos de una seriedad imponente y ojos inyectados de sangre, cuya única preocupación parecería ser la de mantener el orden y asesinar a todos sus oponentes. Tal es la imagen que se tiene de Robespierre, por ejemplo. Pero la imagen de los dictadores latinoamericanos es de un paradigma muy diferente. Son generales que saben vivir bien, que no se quiebran la cabeza demasiado en asuntos de gobierno o control; en lugar de ello, están más interesados en el alcohol, en las prostitutas o en las peleas de gallos. Son hombres que siempre exhiben un humor excelente y que poseen un carisma inmenso como para conseguir ser admirado o incluso querido por la masa de la gente. Usualmente apenas han leído libros ni saben de arte y esa escasa cultura provoca que las clases altas lo detesten. ¿Quizá eso mismo ocasione que la gente común y corriente se sienta identificada con él? Por otro lado, los dictadores latinoamericanos no necesitan hacer uso constantemente del aparato policial y manchar de sangre las calles para así garantizar su dominio; aunque eso no significa que tengan el menor escrúpulo a la hora de eliminar a todos los conjurados, intelectuales y estudiantes (que, en general, provienen de los estratos altos de la sociedad) que involucren un desafío para su gobierno.

Pues bien, el dictador de la pequeña islita bananera en la que transcurre esta novela de Ibarguengoitia es una clara estampa de la imagen del dictador que acabo de esbozar. Lo cual no necesariamente es bueno, pues hay mil y una historias que retratan a ese mismo personaje. Pero, por lo menos, en este librito la trama es bastante divertida.


  • William Golding, Los Hombres de Papel 

LB00262501.jpg

Nunca he leído El señor de las moscas, la novela más conocida de Golding (ni falta que me hace, con lo parodiada que ha sido). Así que no sé bien qué impulso me llevó a comprarme este libro. Me parece que el hecho de que no distinguiera nada más en una miserable librería de feria. ¿Y por qué, entre todos mis libros que acumulan polvo sin terminar, finalicé éste? El caso es que ha sido la primera novela de Golding que he leído.

No puedo decir que me haya gustado mucho. No me sentí atrapado por el estilo pretencioso con el que el personaje, en primera persona, narra los sinsabores que incluso un escritor venerado por todos, tiene que sufrir. Pues ésa es la trama principal: un sujeto petulante, acostumbrado a recibir felaciones por parte de su público, tiene que lidiar con un catedrático fanático que a la fuerza quiere tener el honor de escribir su biografía. Acepto que la representación del ambiente académico que hace esta novela es bastante acertada: se trata de un mundo lleno de individuos dispuestos a abandonar su dignidad con tal de escalar peldaños. Sin embargo, más allá de ese detalle, la historia no llegó a interesarme demasiado. ¿Será que Golding se sintió como su personaje, un escritor que conquistó la cima de la perfección, capaz de conferirse el soberbio derecho de abandonar la pluma? Si esta narración intentaba únicamente comunicar esa sensación, hice muy mal en leerla. Pues ya había visto expresada esa misma idea de una manera mucho mejor en un capítulo de Los Simpsons:


  • Julio Cortazar, Historias de cronopios y famas

portada-historias-cronopios-famas

Luego de leer cierto post del blog, mi hermana me comentó que mis palabras le recordaron las Historias de cronopios y famas. Pues bien, yo nunca había leído esa obra, así que dediqué los últimos días de diciembre (durante otro viaje) a esa pequeña serie de cuentos. Puedo decir que durante el 2015 estimé mucho la forma de escribir de Cortazar, pues suya es la pluma que tradujo la colección de Poe que terminé ese año.

Creo que llamar cuentos a algunos de los escritos que conforman Historias de cronopios y famas no sería del todo correcto. Es prosa, sin duda, pero se trata de una especie de híbrido entre un cuento y un aforismo. En algunos casos, los textos casi tienen la extensión de una moraleja. ¿Qué habrá motivado en algunos escritores esa forma de escribir ideas cortas? Según Cortazar, la novela, como si la lectura se tratara de un combate de boxeo, debe ganar por puntos; mientras que el cuento debe ganar por knockout. Esto significa que el cuento no puede darse el lujo de poseer elementos o descripciones gratuitas: tiene que ir dispuesto a ganar al lector de un solo golpe rápido. Pues bien, quizá Cortazar estaba obedeciendo su propio consejo al escribir las Historias de cronopios y famas. Sin embargo, los textos demasiado cortos no consiguieron retener mi curiosidad. Quizá tengo una especie invertida de déficit de atención. Por el contrario, me agradaron mucho más aquellas partes del libro que observaban un ritmo un poco más sosegado; por ejemplo, las que se referían a los ingeniosos empeños de las familias del barrio Pacífico, conjunto de narraciones que conforman el segundo capítulo de la obra. He de agregar también que, a primera vista, los capítulos de Historias de cronopios y famas no parecen seguir un orden en particular y bien podía empezar por el último o por el primero.

El último capítulo del libro trata directamente las “historias de cronopios y famas” y en él aparecen estampas de las razas cuya descripción se había prometido desde el mismo título de la obra: Los cronopios, los famas y las esperanzas. ¿En qué creo que se asemejan estas razas de seres con respecto a las razas de humanos de las que hablé en la ya mencionada entrada, esto es, los normales e intelectuales de Enzensberger o las sombras e idealistas de Ingenieros? Pues bien, lo que creo es que estas distinciones de Cortazar crean un nuevo nivel de especificación y, así como tiene sentido hablar de normales idealistas o intelectuales sombras, podríamos encontrarnos con cronopios normales idealistas o famas intelectuales sombras. Aunque tengo el presentimiento de que hay una notable tendencia entre los famas a ser sombras.


  • Cicerón, Sobre la vejez. Sobre la amistad.

image_1165_1_164912

En diciembre del año pasado celebré el trigésimo aniversario de mi natalicio. Y por algún misterioso motivo creo importante hacer un esfuerzo de percepción sobre lo que significa en un hombre haber acumulado vivencias y haber llegado a una edad como la que he alcanzado. Pues bien, considero que una buena base para un escrito de tal naturaleza se encontraría en tres trabajos clásicos: el diálogo de Cicerón sobre la vejez, el diálogo de Séneca sobre la brevedad de la vida y el ensayo de Montaigne sobre el tiempo. Espero terminar de escribir mis resultados de esas lecturas en alguna entrada próxima.

Mientras tanto, he de decir que esta pequeña colección de Cicerón me hizo reencender mi pasión por los trabajos filosóficos romanos. La suya fue una cultura de lo más digna que tenía un interés muy especial en subrayar su independencia con respecto a la labor intelectual de sus profesores griegos. Cicerón, en particular, insiste en que el afán práctico, como opuesto al contemplativo, es lo que diferenciaría a los romanos de los griegos. Y, en cierta manera, tiene razón. Varios de los mayores filósofos romanos no dedicaron sus vidas al ocio contemplativo o al diálogo, como así ocurría en el caso de los pensadores griegos. Por el contrario, poseían importantes cargos políticos. Así era el caso de Cicerón, de Marco Aurelio o del propio Séneca (quien, a pesar de todo, defendía una vida de contemplación y ociosidad al estilo de los griegos).

En todo caso, tengo que agregar que la emoción de comprensión y asentimiento que me provocó esta obra no se compara con la que siento actualmente mientras leo el diálogo similar de Séneca.


  • Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

9788478444151

Ésta es otra colección de cuentos-aforismos. Sin embargo, aquí la conexión entre las diferentes historias es mucho más clara que en el caso de las Historias de cronopios y famas. De hecho, quizá podría ser sencillamente posible eliminar la categoría de “cuento” a estas narraciones y reconocerlas únicamente en calidad de proverbios: reflexiones alrededor de lo que involucran la sucesión de asentamientos urbanos. Pues, aunque en ocasiones el autor se esmere en buscar describir lo que caracteriza a cada ciudad sobre la que discurre su imaginación, el caso es que, al final, todas las ciudades terminan pareciéndose y obedeciendo a un mismo principio de agrupación. Los motivos por los que la gente decide vivir en ciudades son similares y obedecen a un mismo afán de civilización. Así que, al final, el autor parece estar haciendo un ensayo reflexivo sobre urbanismo más que un trabajo de ficción.

Y vaya que me resultó interesante esta obra. Lo que más me llama la atención es la insistencia en el carácter melancólico y nostálgico que representa la ciudad para la vida de las personas. Pues se trata de organizaciones que cambian constantemente. Y un hombre que viaja tiene oportunidad de observar y comparar esos cambios. Percatarse de ellos y empezar a preguntarse sobre el espacio que habita.

Anuncios

2 comentarios en “Libros leídos en el 2015

  1. Pingback: Libros leídos en el 2017 | Militarizando al Cyrus

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s