Por qué detesto las respuestas fisicalistas

Respuesta corta: porque pretenden contestar preguntas importantes sin percatarse de que han cambiado de tema.

Entre la plétora de vicios que poseo, está el de tomarme muy en serio las posturas y los argumentos teóricos sobre cuestiones abstractas. Sé bien la naturaleza del ámbito: en el fondo considero que no vale la pena enojarse acerca de cuestiones relacionadas con, por ejemplo, la noción de los números, la infinitud o composición del universo o el problema respecto a la demarcación entre mente y cuerpo. Al final de cuentas, ninguno de esos tópicos importa demasiado. Son, prácticamente, ejercicios intelectuales. Como diría Wittgenstein, “puzzles” filosóficos/científicos/teóricos. Y, como es el caso con los buenos puzzles, son interesantes, entretenidos, estamos dispuestos a matar el tiempo en ellos. Buena cantidad de tiempo a veces. En el caso de algunos sujetos: dedicar su vida a ellos. Pero, ¡maldición! en última instancia, todas esas cuestiones son insignificantes. Al menos, no importan lo suficiente como para inmiscuir nuestras pasiones en ellas. Asuntos dignos de enojo son aquellos relacionados con la opresión, con la discriminación, con la injusticia. Uno debería preocuparse en cómo trata a sus amigos o seres queridos o qué principios morales pretende estar defendiendo al final del día. ¿He sido coherente hoy con lo que creo? Ese tipo de cuestiones son las que yo considero verdaderamente humanistas, que repercuten diariamente en la existencia de todas las personas, que producen preocupación, sufrimiento, hambre, y toda la cantidad de maldiciones que están entre nosotros desde que Pandora abriera su desdichada caja.

Y, sin embargo, aquí estoy yo, rumiando cuestiones abstractas; ponderándolas no mediante el cerebro, ni mediante el corazón como dirían algunos cursis. Más bien, las abordo con las tripas. Y el desagradable resultado de ello es que aquellas respuestas abstractas en las que no coincido tienden a despertarme rabietas. En fin, dejando de lado la comprometedora introducción, pasemos a la cuestión sobre la que quiero escribir: el por qué me molestan los fisicalismos.

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El fisicalismo es uno de esos rancios “ismos” que arrastramos desde inicios del siglo pasado y que por temporadas se pone de moda para luego decaer. Como la mayoría de los “ismos”, el fisicalismo es reduccionista: pretende ofrecer una sola respuesta a un conjunto variado de problemáticas. Pero tenemos aquí un ismo que exagera un poco la nota: desde el punto de vista del fisicalismo, todo lo que existe es físico, es decir, todo fenómeno, sea de la clase que sea, químico, meteorológico, biológico, social, etc.,  está compuesto, al final de cuentas, de materia física. Para decir esto de una manera sofisticada los fisicalistas utilizan el terminajo filosófico de “superveniencia”. De esa manera sostienen que: “todo fenómeno posible superviene en algo físico”. Dicho lo mismo en otros términos: “Si dos fenómenos son idénticos físicamente, entonces no pueden ser distintos químicamente, ni biológicamente, ni psicológicamente, ni socialmente…”.

Naturalmente, el fisicalista no se compromete con las teorías físicas aceptadas en un momento dado. Sabe que pueden cambiar conforme surgen nuevos paradigmas en la disciplina científica. Sin embargo, el fisicalista sí dice lo siguiente: lo que sea que entendamos por “materia” o por “campo” físico en el futuro, todo esto compone el estrato último a partir del cual surge todo lo demás.

Pues bien: “Buncha´ bullshit if you ask me”. Hay gran cantidad de fenómenos que surgen únicamente por la interacción de los elementos y no por la composición de los mismos. Eso es algo que, naturalmente, niegan los fisicalistas. Pero no es tan difícil encontrar ejemplos de casos en los que así ocurre. En biología se habla de lo que se conoce como fenómenos emergentistas: casos donde los organismos vivos crean estructuras de retroalimentación que se auto-organizan. Fenómenos cuyo origen causal proviene del comportamiento “social” de dichos seres. En ese sentido, tales estructuras no son físicas: son inherentemente biológicas.

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Pero, ¿qué decir con respecto al problema sobre la distinción entre mente y cuerpo?  Una de las afirmaciones más importantes de los fisicalistas consiste en sostener que existe una relación directa entre la materia y la mente humana. Esto quiere decir que existe una relación directa entre el cerebro (compuesto de materia orgánica) y la mente. De esa manera, según la tesis de superveniencia fisicalista, dos cerebros que fueran físicamente idénticos no podrían ser diferentes mentalmente.

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El filósofo Donald Davidson elaboró un experimento mental bastante curioso para demostrarle a los fisicalistas cómo dos cerebros físicamente iguales supondrían dos “mentes” diferentes: el argumento del hombre del pantano.

Supongan que uno de nosotros se encuentra en un pantano. Hay una fuerte tormenta y ese sujeto busca cómo salir vivo de ella. Pero, para su mala suerte, cae un rayo que lo fulmina en el acto. Un poco más tarde, cae otro rayo en una charca enlodada cercana que reacomoda las moléculas del suelo y, por pura coincidencia (aunque posible a un nivel infinitamente improbable), crea un ser que, físicamente, es totalmente idéntico a nosotros. El rayo provocó que las moléculas de carbono, de calcio, etc, que se encontraban en el lugar se organizaran de tal modo que conformaran huesos, vísceras, un cerebro. En su conjunto, la organización de materia alcanzada imita perfectamente al ser humano que acababa de fallecer. Físicamente, ese hombre del pantano es idéntico al sujeto que fue fulminado por el rayo. El evento es absurdamente quimérico pero, si al final de cuentas los fisicalistas tuvieran razón y no fuéramos en última instancia sino compuestos organizados de partículas y campos físicos, ¿por qué no va a ser posible reacomodar los compuestos físicos de tal manera que den como resultado la forma de un ser humano?

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Pues bien, Davidson se pregunta: ¿acaso ese hombre se comportará igual que nosotros al salir del pantano? Su cerebro es idéntico al nuestro. ¿Recordará quiénes son los amigos y familiares de la persona respecto a la que es idéntica? ¿Recordará las vivencias que ha tenido? ¿Sabrá hablar? La respuesta de Davidson es la siguiente: ¿cómo va a poder recordar a alguien que no ha visto nunca en su vida? ¿Cómo va a poder conocer el lenguaje si nunca lo ha aprendido? A todas luces, ese ser es un recién nacido. No tiene una historia. No tiene lazos causales que lo conecten a nada, más allá del sorprendente evento que ocasionó su creación. No tiene una conexión causal a partir de la cuál aprendió a usar las palabras, a partir de la cual empezó a guardar memorias ¿Cómo va a ser, al final de cuentas, mentalmente idéntico a nosotros?

Los fisicalistas sostendrían que el hombre del pantano, al poseer una estructura cerebral idéntica al otro sujeto que acaba de desaparecer, debería compartir sus mismas memorias y actitudes. Pero olvidan que “el proceso” de la conformación del sujeto también es un fenómeno que no pueden despreciarse y que involucra fenómenos incluso físicos. El cómo un ser humano aprende a hablar, obtiene vivencias, gana amigos, se trata de una línea causal que involucra una complejidad de sucesos, incluidos algunos que se relacionan obviamente con el entorno físico del individuo: ¿cuáles son las vicisitudes físicas que tiene que soportar un ser humano para vivir en un planeta como la tierra, padeciendo la gravedad terrestre?. Pero la acumulación de todos estos eventos a lo largo de la línea causal no es en sí mismo algo físico: es algo histórico. No es posible considerar a una vivencia como algo que puede implantarse en el cerebro en un instante: una vivencia es el producto de toda una secuencia de eventos y sólo tiene sentido en la medida en que se considera en relación a esa secuencia. No es posible desprender la vivencia del proceso que la conformó de la misma manera que no es posible hablar de un efecto sin una causa.

En ese sentido, el hombre del pantano no puede conocer nada a pesar de que tenga un cerebro idéntico al nuestro. Para conocer, necesita haber pasado por un proceso de aprendizaje; omitiendo ese proceso, por más que tenga la estructura cerebral más superior del universo, el hombre del pantano está totalmente desprovisto de mente.

Las vivencias y otros rasgos relativos a la mente no pueden reducirse a sus componentes cerebrales físicos y es justamente en ese punto donde considero que reside el mayor problema en las aspiraciones reduccionistas del fisicalismo.

Y me hierve la sangre al percatarme cómo la moda fisicalista impera en muchos círculos intelectuales de investigación. ¡No estás hablando de la mente al dedicarte a exponer la conformación neuronal del cerebro! ¿No lo entiendes? ¡Estás cambiando de tema! Abandonaste el terreno de la filosofía, de la epistemología, para dedicarte a la neurología.

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6 comentarios en “Por qué detesto las respuestas fisicalistas

  1. Si acaso entendí bien, los fisicalistas opinan que un cerebro idéntico incluiría toda la red neuronal, y, según ellos, de alguna manera todos los recuerdos también estarían incluidos. Es la única manera en que su argumento me parece tener un poco de sentido. De cualquier manera, eso me recordó a este artículo: http://www.smithsonianmag.com/innovation/meet-two-scientists-who-implanted-false-memory-mouse-180953045/?all

    Supongo también que en Star Trek tenía una idea fisicalista cuando “teletransportaban” a Spock, Kirk, y etc. Muchos hablan de que en realidad se asesinaban a los originales y se creaban clones molecularmente idénticos en el punto destino, con recuerdos y todo incluido. Algo parecido ocurria en The Matrix, cuando implantaban memorias y despertaban sabiendo kung-fu.

    Ahora que lo pienso, hay varias obras que podrían verse como fisicalistas. The Prestige y Steins;Gate me vienen a la mente (see what I did there?) pero no quiero decir cómo, por si acaso no las has visto.

    Al parecer el fisicalismo si está de moda.

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